Cuando Hades secuestra a Perséfone y luego accede a dejarla libre, le da granos de granada para comer.
Ella acepta —en algunas versiones sin saber las consecuencias, en otras, conscientemente—. Ese acto la une para siempre al inframundo, porque en la mitología griega, quien comía algo en el mundo de los muertos no podía abandonarlo del todo.
Por eso Perséfone debe pasar una parte del año con Hades (el invierno) y otra con su madre Deméter (la primavera y el verano).

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